La huella (im)borrable

¿Cuántas veces nos hemos encontrado a nosotros mismos diciendo o haciendo determinadas cosas que, tiempo atrás, eran propias de nuestros padres e incluso… abuelos? En multitud de ocasiones consideramos que nuestras actuaciones, por pequeñas que sean van a pasar desapercibidas para nuestros hijos: un pequeño hábito, una muletilla a la hora de hablar, realizar una tarea doméstica mientras cantamos una canción concreta….. Todas estas cosas son susceptibles de ser copiadas por partes de nuestros hijos, aunque no nos demás cuenta en un primer momento.

No son pocos los casos en que vemos que nuestro propio hijo, de cual quiere pareja, vecina, o amiga imita alguna acción, o como suele ser todavía más habitual… imita alguna expresión a forma de hablar, pongamos el caso más típico de todos: toda la familia se encuentra reunida un dia determinado por una celebración concreta. El ambiente festivo se respira en el aire. Todo el mundo está distraído ante tanto jolgorio, cuando, en un momento determinado, una vocecita aguda y con escasa capacidad de vocalización suelta una determinada palabra malsonante (o palabrota) y qué ocurre después? Lo habitual: todo el mundo ríe ante la ocurrencia del niño a niña en cuestión. Este es el inicio de una gran bola de nieve que, si no ponemos especial cuidado, puede provocar algunos problemas de comportamiento futuros.

Lo importante no es que el niño diga o no tal cosa. Lo primordial es averiguar donde ha aprendido eso. Quizá una palabrota en un niño muy pequeño sea motivo de chanza, pero otros gestos en niños un poco más mayores pueden ser indicativos de que algo está pasando (Quiere decir que PUEDE EXISTIR la posibilidad, pero NO implica QUE EXISTA), el niño, por ejemplo, tiene conductas sexuales que no corresponden (o no deberían) a su edad, seria conveniente averiguar cómo las ha aprendido: si las ha visto en algún programa de televisión, si las ha visto hacer a alguien accidentalmente, etc.

Lo mismo ocurre cuando un niño se muestra especialmente violento: muchos niños cuando, están deprimidos se expresan con ira, o puede ser que hayan aprendido a resolver los conflictos de manera violenta, a han sido testigos de algún tipo de violencia, etc. Los niños son como pequeñas esponjas que absorben todo lo que les entra por los cinco sentidos. Prestemos atención, cuidémoslos dentro y fuera de la familia, que aprendan nuestras virtudes y no nuestros defectos.

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