Dicen que, cuando los niños nacen, lo hacen con un pan debajo del brazo. Nada más lejos de la realidad. Cuidar a un niño no es tarea fácil: noches sin dormir, reiteradas visitas al médico, y un sin fin de «dames» y «quieros». Pero, a medida que éste crece, se van viendo los frutos del esfuerzo de los padres, y entonces… Se suspira y se sonríe. Cuando llegan a cierta edad (a partir de los 10 u 11 años) comienza una nueva lucha, sin embargo, ésta vez es el niño quien debe combatir con sus iguales por ser aceptado en un grupo junto a los cambios y la propia confusión que supone la preadolescencia.
Es en éste momento donde veremos qué tal los hemos los educado y qué tipo de personas serán. Estamos a tiempo de corregir errores y terminar de educar buenas personas con buenos valores. En esta etapa, la escuela se vuelve muy importante, quedando la familia en segundo plano aunque sigue siendo el lugar en el que buscar cobijo y consuelo, y por desgracia estamos viendo que es cuando comienzan los suicidios de nuestros hijos. ¿Por qué? Cada niño tendrá su propia respuesta, pero es nuestra responsabilidad, y la de los docentes a los que nombramos «guardianes» de nuestros hijos, el que nuestro bien más preciado viva alegre, respete y deje vivir. Los niños no vienen programados, como si de ordenadores de tratase. Se les ha de ir educando poco a poco, deben ir aprendiendo qué es lo que han de hacer y cómo.
También deben ir tomando sus propias decisiones y, a medida que se desarrollen, irán averiguando quiénes son realmente. Es posible que algunas de las decisiones que tomen, o algunas confesiones que nos hagan, no sean lo que nosotros hemos ansiado: ¡mi hijo quiere ser historiador en vez de mecánico como yo! ¡mi hija me ha dicho que le gustaría estudiar peluquería en vez de secretariado! ¡Horror, mi hijo me ha dicho que es homosexual! Cuando me dicen este tipo de cosas, siempre respondo: antes de que te hiciera esa confesión, ¿querías para él lo mejor? Si tu hijo, te demuestra que confía en ti, contándote algo que para el es importante ¿por qué no lo apoyas? ¿Ha dejado de ser tu hijo? No al maltrato. No al bullying. Eduquemos en igualdad, tolerancia y respeto. Porque ningún padre merece llorar a su hijo.