Podemos contar con los dedos de las manos y, por suerte, nos sobran dedos, los atentados que desde el 11-5 han estado sembrando el terror en Europa. Con esto no quiero menospreciar lo que ocurre en otros países lejos de nuestro continente, pero debido a los medios de comunicación, estos últimos no tienen la misma repercusión en nuestras vidas.
Si ya es difícil, para un adulto (con toda la madurez psicológica que posee) afrontar la vida cuando ha sufrido directa o indirectamente uno de estos atroces hechos, más difícil resulta para los niños confrontar la realidad de que en el mundo, no todo el mundo es como ellos creen. Tras los atentados de Bruselas, el mundo está pendiente de todo y de todos… y los niños lo notan. Seguramente muchos de ellos nos pregunten qué ha pasado y en un primer momento, no sabremos responderles. Los niños, como todas las personas, pueden desarrollar síntomas de ansiedad o de depresión, asi como falta de concentración, miedo, etc. por lo que denominamos «aprendizaje por observación».
No debemos impedir que los niños hablen y expresen sus dudas, pues esto hará que busquen la información por su
cuenta y muchas veces, ésta estará sesgada por sensacionalismos, extremismos, etc. Debemos averiguar qué es lo que ellos ya saben, y explicar los acontecimientos de acuerdo a su edad y conocimientos del tema. Hay que preguntarles y dejarles que se expresen cuando ellos lo estimen oportuno, sin agobiarles. Seguramente nos pregunten si coger el tren es seguro. Controle sus propias emociones a la hora de responder: los niños captan muy rápido las emociones de quien les habla y se contagian de ella.
Hay que ser sinceros con los niños. Seamos honestos, cuando una respuesta nos parece mentira, la intentamos contrastar con otras personas… ¿qué hay peor que descubrir que tu padre o tu madre te ha mentido? Esta sólo generaría más problemas. Mantengamos los hábitos de vida de los niños, sus actividades extraescolares, mantengamos nuestras costumbres limitando sólo parcialmente los contenidos de la televisión. Mostremos al niño que vive en un lugar seguro, que estamos ahi para que no le pase nada, que las fuerzas de seguridad van a atrapara los culpables. No ocultemos la realidad. Expliquémosla, adaptémosla a nuestros hijos poniéndoles ejemplos que ellos hayan vivida, comprendido y superado. No olvidemos que la incertidumbre genera más tensión que una explicación.