¿Cuántas veces hemos ido caminando por el parque, por ejemplo y hemos visto que un pequeño manipulador se ha salido con la suya por encima de sus padres? Y nos quedamos con cara de póker.
Los niños no han perdido los valores, como dicen. Los niños son asi, por nuestra culpa. No hemos sido capaces de educarles. Sólo hemos sabido decirles «NO». ¿Cuántos de ellos saben lo que no tienen que hacer? Probablemente todos. Pero, ¿cuántos saben realmente lo que si? En la inmensa mayoría de las ocasiones sólo les decimos cómo no hacer las cosas, en lugar de enseñarles el método correcto de hacerlo.
Imaginemos que estamos en el salón, y en un momento determinado el crio es poseido por el espiritu de Picasso y pinta su propio Guernica sobre la pared: ¡No, Fulanito! ¡Eso no se hace! y, acto seguido le castigamos: habrá quien le quite los rotuladores, y/o lo siente al lado suyo para se centre en otra actividad. Parece normal, pero olvidamos algo importante: hemos dicho lo que no tiene que hacer (pintar en la pared); le hemos castigado quitándole lo que le gusta (los rotuladores); le hemos premiado (con nuestra atención por ejemplo) cuando ha hecho otra cosa distinta pero… ¿le hemos enseñado dónde tiene que pintar? Si cada vez que comienza a «crear» (de la única forma que sabe) obtiene los mismos resultados, llegará un momento en que dicha creatividad desaparezca porque los castigos sean mayores que las cosas buenas que obtiene.
No quiere decir que no se castigue, el castigo ha de ser ejemplar y de las mismas proporciones; pero ha de enseñarse también la manera adecuada de proceder. Ignoramos sus conductas positivas (porque creemos que es lo que deben hacer), castigamos las que no nos gustan. Obviamos que nuestros niños lo que quieren es que estemos con ellos, que les prestemos atención y valoremos harán todo cuanto esté en sus manos para conseguirlo.
Envía tus consultas a: apuntes@epi.es El Colegio de Psicólogos responderá a las preguntas de alumnos, profesores y padres.