Suena el teléfono con su característico tono de nueva notificación. Y, como una cadena, cada cinco segundos suena. No se trata de una conversación urgente, simplemente están hablando por WhatsApp con alguien a quien van a ver en un rato o alguien a quien acaban de ver. Y esto pasa a cualquier hora: en cuanto ponen un pie en el suelo al despertar, el móvil ya está en su mano; con el Colacao en la mano y el móvil en la mesa; en el baño lavándose los dientes y el móvil en la repisa del lavabo, un sinfín de situaciones de las que antes el móvil no formaba parte y ahora sí.
Podemos observar en cualquier cafetería que cada vez más gente tiene más el teléfono en la mano en un afán de comunicación y no habla con la persona que tiene delante. Si, estamos ante una adicción fantasma, porque todos la toleramos en nosotros mismos y está llegando a ser normalizada en todos los hogares. Llamada nomofobia (nomophobia: no mobile phone phobia), que consiste en el miedo que surge de no estar conectado por el teléfono, instaurada en muchos por cuestión laboral (que implica tener que estar localizables 24 horas).
Como toda adicción tiene sus componentes de ansiedad, pensamientos de agobio a no tener el teléfono, irritabilidad si se queda sin batería, si se le quita (en caso de niños) el terminal o se les prohíbe su uso, etc. ¿le suena de algo? Si nos detenemos un momento podremos observarlo con facilidad. Esta adicción no es sólo al teléfono, es en general a las nuevas tecnologías: ¿Cuántos niños podemos ver hoy en día jugando en la calle con la pelota? Bastantes menos que hace unos años, ahora están jugando en el salón de casa (con suerte, estará en alguna zona común de la casa con algún amigo), en línea con otros chicos delante del televisor enganchados a alguna consola o al ordenador.
¿Dónde quedan las meriendas en casa de algún amigo después de pasar la tarde jugando en la calle o en el recinto? ¿Dónde está el tiempo compartido con la familia, o los amigos sin interrupciones carentes importancia? Ahora un sonido de un aparato de 15 centímetros parece más importante que la persona que tenemos delante.
No perdamos la idea de que cada cosa tiene su momento y cada momento, su cosa. Seamos coherentes y comuniquémonos bien.